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| Jerez y el flamenco |
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| Jerez es la referencia universal del Flamenco, el arte Gitano-Andaluz, cuya historia conocida y documentada sitúa sus primeras huellas en las postrimerías del siglo XVIII, pero que hunde sus raíces en la propia historia de Andalucía.
Consciente de ese papel protagonista de Jerez, el Ayuntamiento, a través de la Gerencia de Urbanismo, y en colaboración con el Instituto de Cultura de Jerez, promueve la Ciudad del Flamenco para proyectar y divulgar este arte como expresión más alta de la cultura andaluza.
La Ciudad del Flamenco es una de las actuaciones más ambiciosas del Ayuntamiento de Jerez para regenerar el centro histórico. Se asentará en distintos espacios y edificios de la Plaza de Belén, en el corazón de la ciudad medieval y centro de la antigua medina andalusí, punto equidistante entre los barrios más flamencos de Jerez: Santiago y San Miguel.
La importancia patrimonial del arte flamenco, su vivacidad dentro de la producción cultural andaluza y española, y su estrecha vinculación con los sectores más populares, merece que las administraciones públicas realicen un esfuerzo importante y concertado por otorgarle un espacio estelar en la promoción de las artes en España. |
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| Jerez y el vino |
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Buen nacimiento, cuidada crianza y tiempo son los elementos que determinan las características del vino jerezano. Las viñas del "Marco de Jerez" se asientan sobre terrenos llamados de "albarizas", compuestos de tierras blanquecinas arcillosocalizas consideradas como óptimas para conseguir la maduración en las mejores condiciones de la variedad de uva "Palomino" de la que se obtienen los mostos que serán la base para la elaboración de los diversos tipos de vinos amparados por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Jerez-Xérès-Sherry, Manzanilla de Sanlúcar y Vinagre de Jerez, como son el fino, el amontillado, el oloroso, el palo cortado…
El sistema de crianza tradicional en Jerez es el denominado de “criaderas” y “soleras”, también llamado de “escalas”, que está considerado como una original y perfecta evolución del más simple sistema de “añada” y que tiene por objeto ofrecer el vino para el consumo con una continuidad de las características cualitativas y de vejez que definen a cada marca. Para ello, cada uno de los tipos básicos del vino de Jerez se lleva a su solera determinada y concreta, compuesta de vasijas de roble, llamadas “botas”, superpuestas en escalas, donde se desarrolla el proceso de crianza. El vino de Jerez se cría en contacto con el aire, por lo que las botas se llenan dejánse un vacío equivalente a la sexta parte de su capacidad unitaria de 600 litros. Este vacío permite la oxigenación del vino y la aparición en su superficie de una capa formada por levaduras o “velo de flor” que propicia la crianza biológica que los caracteriza.
Las bodegas jerezanas, perfectamente diseñadas para la crianza de estos vinos en los que nada es improvisado, son edificios de altos techos soportados por columnas estilizadas, porte majestuoso y ambiente interno silencioso, fresco y tenuamente iluminado; unas auténticas catedrales enológicas cuya particular fisonomía define buena parte del urbanismo de la ciudad.
Junto a los vinos, en las bodegas jerezanas se elaboran brandies de prestigio reconocido internacionalmente, también envejecidos y madurados por el procedimiento de “escalas” a partir del aguardiente llamado “holanda” y protegidos por su correspondiente “Consejo Regulador del Brandy de Jerez”. El “Vinagre de Jerez”, igualmente de crianza tradicional , está considerado como un ingrediente cocinero de enorme prestigio. |
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| Jerez y el caballo |
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Sin duda, Jerez es la ciudad española donde el caballo goza de una mayor dedicación. Además de la importante fuente de ingresos que representan para la ciudad las numerosas ganaderías y yeguadas que se afanan en la crianza y selección equina, la figura del caballo adquiere en Jerez el carácter de indiscutible protagonista en sus más arraigadas expresiones festivas.
En Jerez puede contemplarse al caballo trotando en la libertad de su campiña; al jinete de escuela que rejonea en su plaza de toros; a la jaca que acude enjaezada a ferias y romerías; a los elegantes enganches con tiros a la inglesa, a la húngara o a la calesera y al “cartujano” al paso que muestra lo que aquí puede conseguirse con la doma. Tan omnipresente está el caballo en esta ciudad que hasta se le ha dedicado uno de los monumentos de mayor significación y popularidad que decoran el urbanismo jerezano.
El genuino caballo de Jerez, el “cartujano”, debe su consecución y su nombre a los monjes de la Cartuja de Santa María de la Defensión, dedicados a la agricultura y la ganadería desde su llegada a la ciudad en la segunda mitad del siglo XV. Esta raza cartujana continúa salvaguardando sus virtudes en diferentes yeguadas de Jerez y, especialmente, en la Yeguada de la Cartuja bajo un cuidadoso programa de selección y mejora.
La “Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre” es la mejor prueba del cuidado, el mimo y el amor que los jerezanos profesan al caballo, siendo su muestra máxima el espectáculo ”Fantasía Ecuestre” que ofrece esta prestigiosa institución hípica.
En el campo de Jerez, junto a las yeguadas, abundan las dehesas donde pasta el toro bravo de "casta andaluza”. Las fincas ganaderas que rodean a Jerez -“Jandilla”, “Martelilla”, “Rojitanillo”, Bolaños”, “Los Alburejos”, “Granado”,…- pasan por ser de las más taurinas del Sur de España. La visión del toro en su medio natural, los herraderos, la faena de las colleras de garrochistas que acosan y derriban al becerro para probar su bravura, las “tientas” en la placita de la finca, las conducciones y los “encierros” de las reses escogidas para la corrida son actividades que en la campiña de Jerez parecen encontrar su aire definitivo. |
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